miércoles, 24 de octubre de 2007

Otro de O'Hara

A un amigo le gustó mucho el poema de Frank O’Hara que publiqué hace unas semanas. Le dije que seguiría ensayando algunas traducciones, ya que hay muy pocas en la web. Aquí va mi versión (libre, por supuesto) de “Morning”.
De mañana
Tengo que decirte
cuánto te amo siempre
lo pienso en grises
mañanas con muerte
en mi boca el té
nunca está bien caliente
entonces y el cigarrillo
seco la bata marrón
me da frío te necesito
y miro por la ventana
la nieve silenciosa
Por la noche en el muelle
los colectivos brillan
como nubes y me siento solo
pensando en flautas
Te extraño siempre
cuando voy a la playa
la arena está mojada con
lágrimas que parecen mías
aunque yo nunca sollozo
y te tengo en mi
corazón con un muy real
humor del que estarías orgullosa
el estacionamiento está
lleno y estoy parado
haciendo sonar las llaves el auto
está vacío como una bicicleta
qué estás haciendo ahora
dónde comiste tu
almuerzo y había
muchas anchoas
es difícil pensar
en vos sin mí en la
frase me deprime
cuando estás sola
Anoche las estrellas
eran numerosas y hoy
la nieve es su tarjeta de visita
no seré cordial
no hay nada que
me distraiga la música
es apenas un crucigrama
sabés cómo es
cuando sos la única
pasajera si hay un
lugar más allá de mí
te ruego que no vayas
Frank O’Hara (1928-1968)

martes, 9 de octubre de 2007

Carta al fiscal Richard Trincheri

Es evidente que los expedientes te molestan, te fastidian, te resultan insoportables. Estamos de acuerdo: la verdad no puede depender de un expediente, por lindo y prolijito que sea. A mí también me hartan los papeles, los papeleos, los papelones y las papeleras. Tal vez tengas razón cuando proponés una reforma que consagre el principio “dentro del juicio, todo; fuera del juicio, nada”. Sin embargo, Richard, hasta que tus colegas de la corporación judicial y los legisladores se dignen a seguir tus sabios consejos, no tenés más remedio que soportar el expediente. Y más aun, tenés la obligación de armar un buen expediente, uno que se parezca a la verdad. Pero me da la sensación de que, por lo menos en el caso del asesinato de Carlos Fuentealba, te dejaste llevar por tu aversión al teclado, al papel tamaño oficio y los clips de colores. Intentando curarme el insomnio, se me ocurrió leer detalladamente el requerimiento que le hiciste al juez hace un par de meses. Me había llegado por los diarios algo de lo que habías escrito, pero nunca imaginé que hubieses sido tan, digamos, desprolijo para fundamentar el pedido de indagatoria a Pascuarelli, Salazar y los otros sicarios del régimen del bigote asesino. Vayamos por partes, o por fojas.
Imputarles al ex subsecretario de Seguridad, Raúl Pascuarelli y al ex jefe de Policía, Carlos Salazar, una mera “negligencia” contraría el más puro sentido común. Y lo que es más grave todavía, esta acusación los exime alegremente de su responsabilidad como actores que premeditaron minuciosamente la represión, siguiendo las explícitas órdenes del gobernador ciento por ciento (¡si hasta los jefes policiales admiten que la orden vino de Sobisch!). Como dije en otro artículo que publiqué en este mismo blog (“El Carancho”), no hace falta encontrar órdenes escritas, con membrete, sello y autógrafo; alcanza con revisar las declaraciones de estos funcionarios y del propio gobernador para constatar que aquí no hubo negligencia, que hubo órdenes bien claras, que todo se hizo según lo previsto, que se habían sopesado “consecuencias muchísimo más difíciles” (Sobisch dixit). Pero como descartás de antemano cualquier premeditación, cualquier plan represivo, te contentás con la negligencia.
Otra de tus clamorosas “desprolijidades” se advierte cuando decís que el procedimiento policial fue dispuesto “aparentemente” para impedir el corte de ruta decidido por ATEN. ¿Por qué “aparentemente”? Hasta un tonto sabe que los grupos especiales de la policía no fueron a Arroyito a cazar lechuzas con sus Itakas. Vos mismo decís que el operativo, después de haber “logrado el fin que se pretendía cumplir”, derivó en represión. De esto se sigue que el “aparentemente” es una calificación demasiado generosa para el gobierno provincial, una calificación que deja abierta infinitas ventanas para que Sobisch se escape. Además, es curioso que vos entiendas que la represión comenzó recién después de haber cumplido sus fines, esto es, despejar la ruta, como si los primeros gases y balas no hubiesen sido parte de la represión.
También es sorprendente (o no tanto) que digas que dicho procedimiento “devino en un desmesurado, descontrolado y anárquico operativo de represión policial”. Las palabras, lo sabés, nunca son inocentes, y mucho menos en un expediente. Detengámonos en “devenir”. Según el diccionario de la Real Academia, como verbo, “devenir” significa “sobrevenir, suceder, acaecer, llegar a ser”. Como sustantivo significa “la realidad entendida como proceso o cambio que a veces se opone a ser” o “proceso mediante el cual algo se hace o llega a ser”. No voy a demorarme en las distintas interpretaciones del devenir en la historia de la filosofía, pero debo recordarte que, por lo general, quienes hacen del devenir el centro de sus especulaciones tienden a negar cualquier tipo de agencia humana; en otras palabras, los filósofos del devenir piensan que las cosas devienen por sus propias cualidades sin intervención de decisiones humanas. Así, según tu filosofía, la represión devino porque sí, porque estaba inscripta en la naturaleza de las cosas, como deviene un ventarrón en el desierto en una tarde de sol. Entonces, si el operativo “devino” en represión, según tus palabras, Sobisch, Pascuarelli, Salazar y todos los demás no tuvieron nada que ver.
Veamos ahora tus adjetivos predilectos: “desmesurado, descontrolado y anárquico”. Este trío de palabras mueve al asombro. En primer lugar, decir que un operativo de represión fue “desmesurado” supone la posibilidad de una represión “mesurada”. ¿Es posible que un fiscal como vos, elogiado por su independencia por el diario Río Negro, ignore que toda represión, para ser tal, debe ser “desmesurada”? En segundo lugar, y he aquí el meollo de la cuestión, decir que la represión en Arrroyito fue “descontrolada” es el camino más directo para exculpar a Sobisch, Pascuarelli, Salazar y todos los demás. Me pregunto: ¿por qué no recurriste aquí ese ambiguo “aparentemente” que no tuviste empacho en utilizar respecto de los fines del operativo? ¿Por qué afirmás sin más vueltas que el operativo fue descontrolado? ¿Por qué no decís que fue “aparentemente descontrolado”? Las consecuencias del adjetivo “descontrolado” son atroces: vos mismo, como fiscal, te abstenés de suponer que hubo orden de reprimir hasta matar, clausurás convenientemente todo un universo de posibilidades, dejás todo en manos del devenir y el frenesí de un carnicero profesional como el cabo Darío Poblete, autor del tiro que mató a Fuentealba. ¿Y qué decir de lo “anárquico” del operativo? Esto es, como diría Borges, apenas un énfasis, que refuerza tu argumento de que todo fue meramente un problema de descontrol.
Si todo esto no bastara para ilustrar la blandura de tu acusación, cuando describís la tercera fase de la represión, la cacería en la ruta, no trepidás en sostener que fue “irracional” y que “los comportamientos negligentes que se reprochan [tuvieron] directa relación causal con la muerte registrada, en tanto constituyeron una circunstancia que evidentemente incrementó el riesgo más allá del límite razonable permitido para que se produjeran afectaciones a los bienes jurídicos”. ¿Por qué irracional y no fríamente calculada? ¿Cuál es la medida de la racionalidad? Al decir que fue “irracional”, nuevamente, estás excusando a los autores, como si fuesen simples dementes que se excedieron en sus funciones o que dejaron de hacer lo que debían. Tanto el “exceso” como la “negligencia” son calificaciones a todas luces insatisfactorias. Más aún, según tu argumento acusador, la negligencia de Pascuarelli y sus secuaces sólo tuvo “directa relación causal” en tanto aumentó el riesgo más allá de lo razonable. Es llamativo que la única vez que hablás de “causalidad” lo hagas en relación con la edulcorada negligencia. ¿No hay acaso causalidad directa entre la orden del gobernador y las órdenes que, con toda seguridad, se dieron durante el operativo de represión? Si no encontraste órdenes escritas, esto no significa que no hubo órdenes. De nuevo: ¿por qué suponer que el operativo se salió de control y no suponer que, en realidad todo estuvo bajo control, en todo momento? ¿Qué evidencia tenés para eliminar la hipótesis de que la represión haya sido perfectamente concebida para acabar tal como acabó?
Sigamos un poco más con tus bonitos adjetivos. Cuando hablás de los episodios inmediatos al asesinato de Fuentealba, decís que la represión fue “descomunal e injustificada”. Según el diccionario de la RAE, “descomunal” significa “extraordinario, monstruoso, enorme, muy distante de lo común en su línea”. ¿Fue realmente así? No lo creo; los antecedentes de la policía neuquina permiten afirmar todo lo contrario; para los herederos del fusilador Staub lo extraordinario, monstruoso, enorme y distante de lo común es la norma, no la excepción. Parece que te olvidaste de Cutral Co y el asesinato de Teresa Rodríguez, por sólo mencionar una de las muchas monstruosidades que son la norma en Neuquén; parece que no escuchaste que el actual jefe de policía dijo que Pobrete era un “referente” de la institución. ¿Injustificada? ¿Injustificada para quién? Se nota que no mirás la tele ni leés los diarios, porque Sobisch se ocupó de “justificar” la represión y el asesinato de Carlos Fuentealba. Hay justificaciones que en sí mismas son un crimen, ¿no? Pero al decir que fue “injustificada” le sacás del sayo a Sobisch, y todo vuelve al vaporoso mundo del devenir, donde las cosas ocurren por arte de magia, donde no hay intenciones, ni causas eficientes, ni nada.
En una de esas tenés suerte y te agradecen estas acusaciones (y omisiones) aprobando tu pliego de camarista en la Legislatura. Así, te habrás sacado de encima un problema y volverás a luchar contra los fatigosos expedientes. Mientras tanto, si querés refutarme con hechos, bien podrías añadir nuevas acusaciones, ampliar y precisar tus fundamentos y, sobre todo, requerir que Sobisch preste declaración testimonial. Algunos andan apurándose y exigiendo que pidas su indagatoria. Pero eso sería un error gravísimo, lo sabés. En la testimonial, el bigote no podría negarse a declarar y, al menos formalmente, tendría la obligación de decir la verdad, bajo juramento. Después, si querés, podrías imputarlo y llamarlo a indagatoria (¿o me equivoco?). ¿Qué te impide solicitar estas simples medidas procesales? ¿Qué estás esperando? ¡Ah, ya sé!; estás esperando que todo devenga naturalmente, porque las cosas fluyen así porque sí; todo deviene, nada es; no hay verdad, sólo hay opinión; no hay sujetos, apenas meros títeres de fuerzas incontrolables. ¡Pucha que habías sido posmoderno!
Fernando Lizárraga, 9 de octubre de 2007
***
Postdata (11 de octubre). Me han hecho llegar la siguiente observación: si Sobisch fuese llamado como testigo, ya no podría ser imputado puesto que sus dichos no podrían ser usados en su contra. Es decir; si como testigo Sobisch dijera: "Yo ordené matar a Fuentealba", según la objeción de marras, no puede ser procesado en esta causa; debe inciarse otra causa en la cual sus dichos como testigo no podrán ser usados como prueba. Absurdo, ¿no? (pero la ley suele se absurda). Con todo, y a pesar de las declaraciones de los jefes policiales que reconocen que hubo una reunión en la que Sobisch dio las órdenes represivas, ¡ni siquiera se lo ha llamado como testigo!

jueves, 4 de octubre de 2007

Para Carlos Fuentealba

Y la muerte no tendrá señorío
Por Dylan Thomas (1933)

Y la muerte no tendrá señorío.
Desnudos los muertos se habrán confundido
con el hombre del viento y la luna poniente;
cuando sus huesos estén roídos y sean polvo los limpios,
tendrán estrellas a sus codos y a sus pies;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar saldrán de nuevo,
aunque los amantes se pierdan quedará el amor;
y la muerte no tendrá señorío.
Y la muerte no tendrá señorío.
Bajo las ondulaciones del mar
los que yacen tendidos no morirán aterrados;
retorciéndose en el potro cuando los nervios ceden,
amarrados a una cuerda, aún no se romperán;
la fe en sus manos se partirá en dos,
y los penetrarán los daños unicornes;
rotos todos los cabos ya no crujirán más;
y la muerte no tendrá señorío.
Y la muerte no tendrá señorío.
Aunque las gaviotas no vuelvan a cantar en sus oídos
ni las olas estallen ruidosas en las costas;
aunque no broten flores donde antes brotaron ni levanten
ya más la cabeza al golpe de lluvia;
aunque estén locos y muertos como clavos,
las cabezas de los cadáveres martillearán margaritas;
estallarán al sol hasta que el sol estalle,
y la muerte no tendrá señorío.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Ana y el dinosaurio

Hay buenos motivos para sostener que la ex rectora de la Universidad Nacional del Comahue y vice-gobernadora electa, Ana Pechen, tiene estrechas relaciones con el mundo de los dinosaurios.
Su “desembarco” en la UNCo, gestado, promovido y concretado por el extinto ministro ultra-sobischista, Jorge Gorosito, se asemejó al impacto de ese asteroide que, según dicen los que saben, acabó con la mayor parte de los dinos hace unos 65 millones de años. Dicho en criollo: al cabo de cuatro años de gobierno, Ana dejó una universidad al borde de la extinción. Algún lector sutil dirá que la metáfora es inapropiada porque, en rigor, Pechen fue la más devota protectora de los dinosaurios de la universidad. Como sea, Ana tiene algo que ver con estos bichos.
Otra visible relación de Ana con los dinosaurios es su alianza explícita con la familia Sapag. Nadie olvida que en sus últimos estertores, el sector “amarillo” del MPN, liderado por el eterno don Fe, adoptó un dinosaurio como símbolo de campaña (ignorando, acaso, que justamente “dinosaurios” era el apodo que se le daba por aquellos años a la corrupta cúpula del PRI mexicano). Y aunque Jorge Sapag, compañero de fórmula de Ana, tomó cierta distancia de los dinos familiares, sigue siendo astilla del mismo palo (o espécimen del mismo linaje).
La reciente foto de una exultante Ana junto al “gordo” Hugo Moyano es otra señal inequívoca de la afición de la vice por los “lagartos terribles”, especialmente los predadores.
Será por todo esto que ahora Ana también tiene dinosaurio propio. Sí, un dinosaurio de por aquí nomás lleva el apellido de Ana. Hagan la prueba: en Google escriban Muyelensaurus pecheni, y después me cuentan.
O mejor les cuento ahora. En poco tiempo más se publicará en la revista especializada brasileña Arquivos do Museu Nacional un artículo titulado “Muyelensaurus pecheni. Un nuevo saurópodo titanosáurido del Cretácico Tardío de Neuquén”. Se trata de una bestia que pertenece a un género y una especie nuevos, según lo indica (en jerga científica que omitimos) el título del artículo.
Los autores del paper son los paleontólogos Jorge Calvo, Juan Porfiri y Bernardo González-Riga, miembros del Proyecto Dino, una iniciativa científico-turística de la UNCo instalada a orillas del lago Los Barreales (http://www.proyectodino.com.ar/). La escueta información que aparece en Internet no permite conocer el o los motivos semejante homenaje a la Dra. Pechen. Pero es bastante común que los paleontólogos usen los nombres de sus benefactores cuando se trata de designar una nueva especie. Por ejemplo, el titanosaurio Futalongkosaurus dukei, recientemente descripto por estos mismos autores y hallado en este mismo yacimiento, lleva inscripto un reconocimiento al financiamiento otorgado por la empresa Duke Energy, operadora de la central hidroeléctrica de Planicie Banderita y de la central térmica Alto Valle.
En fin, Ana no puede quejarse: hizo su trabajo en la UNCo, llegó a la vicegobernación y ahora tiene la inmortalidad asegurada en el nombre de un dinosaurio bien popular y bien neuquino.

martes, 18 de septiembre de 2007

Tomar una coca con vos

Hace unos años me regalaron A people's history of the United States, un librazo de Howard Zinn. En el señalador, había un poema de Frank O'Hara. Estuve releyendo a Zinn y me detuve, por primera vez, en el poema de O'Hara. Y me gustó, y decidí traducirlo. No soy de leer poesía; no la entiendo (no sé si hay que entenderla). Como sea, aquí van los versos de O'Hara, poeta neoyorkino (1926-1966), experto en artes plásticas (como podrán apreciar). Si hubiese podido hallar una traducción en la web, les habría ahorrado la mía, que es apenas un ejercicio bastante precario y tal vez antojadizo. Ah, el formato del blog no me deja acomodar bien los versos, así que quedará como blogspot mande...
***
Tomar una coca con vos es incluso más divertido que ir a San Sebastián, Irun, Hendaya, Biarritz, Bayona
o sentir náuseas en la Travesera de Gracia en Barcelona
un poco porque en tu camisa naranja te parecés a un San Sebastián mejor y más feliz
un poco porque te amo, un poco por tu amor al yogur
un poco por los fluorescentes tulipanes naranjas alrededor de los abedules
un poco por el secreto de nuestras sonrisas frente a la gente y las estatuas
es difícil creer cuando estoy con vos que puede haber algo tan rígido
tan solemne tan desagradablemente definitivo como las estatuas cuando justo frente a ellas
en la cálida luz de Nueva York a las 4 en punto vamos y venimos
entre unos y otros como un árbol que respira a través de sus adornos
y parece que no hay ningún rostro en la muestra de retratos, sólo pintura
de golpe te preguntás por qué diablos alguien los hizo
Te miro
y prefiero mirarte a vos antes que a todos los retratos del mundo
excepto, posiblemente, El Jinete Polaco, de vez en cuando, que de todos modos está en el Frick
que gracias a dios todavía no visitaste así podemos ir juntos por primera vez
y el hecho de que te muevas con tanta belleza de algún modo se ocupa del Futurismo
del mismo modo que en casa nunca pienso en el Desnudo bajando una escalera o
cuando ensayo en uno de esos dibujos de Leonardo o Miguel Ángel que solían asombrarme
y de qué les sirve a los impresionistas toda la investigación que se hace sobre ellos
cuando no tuvieron a la persona indicada parada junto al árbol al caer el sol
o lo mismo con Marino Marini cuando no hizo el jinete tan cuidadosamente como el caballo
parece que a todos se nos escamotea alguna experiencia maravillosa
pero yo no voy a dejarla pasar y es por eso que te digo todo esto.
Frank O'Hara (1960)

miércoles, 29 de agosto de 2007

Orwellianas

“El que controla el pasado -decía el slogan del Partido-, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado”. Y, sin embargo, el pasado, alterable por su misma naturaleza, nunca había sido alterado. Todo lo que ahora era verdad, había sido verdad eternamente y lo seguiría siendo. Era muy sencillo. Lo único que se necesitaba era una interminable serie de victorias que cada persona debía lograr sobre su propia memoria. A esto le llamaban “control de la realidad”. Pero en neolengua había una palabra especial para ello: doblepensar. (George Orwell, 1984).
***
Cero coma cinco por ciento de inflación, ocho coma cinco de desempleo, nueve coma cinco de desempleo contando los beneficiarios de planes sociales, cuarenta y cinco mil millones dólares de reservas, seis por ciento del producto bruto para educación, en los noventa sólo estuvieron Macri, Menem y todos sus secuaces, nosotros estábamos en otra galaxia, los piqueteros volvieron de la ruta al barrio (y nadie escribió un libro), nunca hubo piqueteros en esta comarca, el neoliberalismo ya fue, no hay nada a nuestra izquierda, Aníbal y Alberto no tienen bigote, a Varizat se le rompió el cable del embrague, el pan cuesta dos con cincuenta, los chinos pagarán nuestra deuda externa, somos duros con el fondo y pagamos al contado, la desigualdad aumentó pero esto es lo normal, los gordos siempre fueron buenos muchachos, aquí no pasó nada, está todo bien y va a estar aun mejor cuando Kristina sea presidenta.
Néstor Kirchner ha logrado un prodigio sólo imaginado por el insomne de Orwell; ha instaurado el más perfecto “control de la realidad” o, lo que es lo mismo, ha inculcado el doblepensar en buena parte de la sociedad argentina. Por lo menos, doblepiensan los sectores bien pensantes y, fundamentalmente, doblepiensa con fervor la intelligentsia del Partido Interior. El Frente para la Victoria es el Partido Interior orwelliano. El nombre no es casual. Uno no puede dejar de estremecerse al recorrer las páginas de la distopía de Orwell y advertir que los miembros del Partido Interior viven en las Casas de la Victoria, toman Café de la Victoria, matan el hambre y el frío con Ginebra de la Victoria y fuman repugnantes Cigarrillos de la Victoria.
La Victoria -es decir, el poder- es el único fin que persigue el Partido Interior K. Es curioso, casi nadie ha reparado en este detalle. Tal vez, como ya nadie se fija en los nombres de los partidos -que suelen premeditarse en oficinas de marketing-, este parece ser un nombre inocente. Pero nada es inocente en nuestra Oceanía. La antigua técnica de ocultar mostrando tiene aquí un ejemplo fascinante. El nombre lo dice todo: el Partido Interior trabaja para la victoria, para una victoria eterna y hereditaria. Lo único que importa es la victoria, el poder por el poder mismo.
La Victoria (Niké) era una diosa con alas. No recuerdo bien dónde, quiénes, ni por qué, pero me parece haber leído por ahí (y si recuerdo mal no importa; la historia es buena de todos modos) que una ciudad griega (Atenas, tal vez) decidió romper las alas de sus diosas de mármol para que la Victoria se quedara siempre allí. Supongo que Atenea, sabia y celosa, debió haberse enojado mucho. Una victoria perpetua no sólo es pavorosa; también es imposible. Perdón por esta digresión; volvamos a Oceanía.
Orwell definía al Partido Interior como el “cerebro del Estado”; así se simple. Por eso, el Partido Interior K se nutre de una enorme legión de intelectuales que, en tiempos menemistas (ese horrible pasado que debe ser reescrito día a día), eran los principales voceros de las luchas emancipatorias. Con honrosas y escasísimas excepciones, los mismos que hace unos años clamaban por la revolución y deploraban a garganta llena los estragos del capitalismo neoliberal, ahora elogian sin ruborizarse las supuestas victorias K, como, por ejemplo, haber pagado la deuda con el Fondo en dólares contantes y sonantes, hasta el último cobre. Los mismos que condenaban a los intelectuales que se pasaron al menemismo, ahora hacen propaganda K sin que se les mueva un pelo.
Escritores, periodistas, comunicadores, charlatanes, cómicos, músicos, teatristas, profesores, investigadores, locutores, saltimbanquis, animadores, todos hacen su parte para controlar el presente, corregir el pasado y asegurarle al Partido Interior un futuro igual al presente. Aquí nunca hubo deuda externa ilegítima, semejante cosa nunca estuvo en discusión; ya no hay deuda externa. En esta república nunca hubo algo llamado Alianza; todos los males que la clarividencia del Gran Hermano ha enmendado tuvieron su origen, desarrollo y paroxismo en los años 1990. Ningún miembro del Partido Interior jamás militó en las filas de los abominables gobernantes de los años ’90. Los registros se han perdido; mejor dicho, nunca hubo tal cosa. Nadie estuvo allí, excepto unos pocos y putrefactos supervivientes.
En la república K, todos -o la gran mayoría- han logrado esa “interminable serie de victorias” sobre su propia memoria. Los que hace unos años reivindicaban el socialismo y la lucha armada, ya no están; o mejor dicho; sí están, son los mismos pero son otros. Los que cortaban rutas y bramaban contra el capitalismo de ayer y de siempre, han vuelto a sus casas o han estrenado cómodas oficinas o calientan escaños en alguna legislatura. Los que escribían virulentas críticas al orden neo-conservador, ahora se esfuerzan para cantar loas al Partido Interior K y al Gran Hermano. No experimentan contradicción alguna; han aprendido a doblepensar.
Basta echar una mirada a las estadísticas de Ministerio de la Verdad (ex Indec) para comprobar que este presente feliz principia con el triunfo del Partido Interior. Por alguna curiosa razón, que no puede atribuirse a una cuestión de método, la fecha de corte para ilustrar los cambios en el desempleo es mayo del 2003, el momento de la primera (y definitiva victoria). Y el año en que comienzan todas las desgracias es 1990. No hace falta ser un experto para ver cómo se mueve la curva de desempleo en los dos gráficos que nos ofrece el Ministerio Veraz. En el primer gráfico, la línea sube y sube, desde 1990 hasta el 2002 (mayo del 2002). Luego, en el cuadro siguiente, la línea baja y baja, desde mayo del 2003. No hay duda: la felicidad y el desempleo de un dígito es obra del Gran Hermano. (Seguramente, algún renegado -que será reeducado o vaporizado a su debido tiempo- observará que, en rigor, la curva comienza a declinar en el 2002; pero es un detalle sin importancia y pronto también será rectificado).
Hay también un Ministerio del Amor en este Sur alucinante. Como el de Oceanía, el de aquí nomás pincha teléfonos, difama a diestra y especialmente a siniestra, organiza rabiosas sesiones de odio desde el Salón Blanco y palcos prolijamente estudiados, encarcela a los que se atreven a sospechar de la verdad del Partido y a denunciarla, expulsa de sus cátedras a los disidentes, vigila, controla, coopta, castiga. La “Operación Comán”, como le dicen, fue una perfecta combinación de esfuerzos entre el Ministerio de la Verdad y el Ministerio del Amor. Hace unos años, cuando a Scioli le mostraban cuatro dedos, él decía que ahí había cuatro dedos; cómo dudarlo. Ahora, cree -sinceramente- que cuando le muestran cuatro dedos lo que él ve son cinco, y que esta es la pura verdad, porque así lo manda el Gran Hermano.
En la neolengua K, pasado se dice “años ‘90”; presente se dice “nosotros”. Se ha eliminado convenientemente cualquier palabra que aluda al futuro, porque para eso ya está “nosotros”. En neolengua K, capitalismo se dice “normalidad”; “burguesía autóctona” se dice “empresarios nacionales”; “trabajadores” se dice “nuestros gordos”; “corrupción” se dice “asuntos privados”; “ladrillo con guita” se dice “me la prestó mi hermano”; “valija con verdes” se dice “no lo conocemos”; “jamás” se dice “justicia social”; represión se dice “orden”, “violentos” se dice “los otros”; “pensar” se dice “Sí, señor presidente”.
***
Winston no pudo evitar un escalofrío de pánico. Era absurdo, ya que escribir aquellas palabras no era más peligroso que el acto inicial de abrir un diario; pero, por un instante, estuvo tentado de romper las páginas ya escritas y abandonar su propósito. Sin embargo, no lo hizo, porque sabía que era inútil. El hecho de escribir ABAJO EL GRAN HERMANO o no escribirlo, era completamente igual. Seguir con el diario o renunciar a escribirlo, venía a ser lo mismo. La Policía del Pensamiento lo descubriría de todas maneras. Winston había cometido -seguiría habiendo cometido aunque no hubiera llegado a posar la pluma sobre el papel- el crimen esencial que contenía en sí todos los demás. El crimental (crimen mental), como lo llamaban. El crimental no podía ocultarse durante mucho tiempo… (George Orwell, 1984).
Fernando Lizárraga, 29 de agosto de 2007.

miércoles, 22 de agosto de 2007

El Carancho te condena

A veces, muchas veces, como nos lo ha enseñado el ingenioso Conan Doyle, las pruebas de un asesinato están a la vista. Son tan pero tan evidentes que escapan a la mirada de los más experimentados investigadores, detectives y fiscales. Y también es cierto (porque nos lo enseña la sabiduría popular) que el pez por la boca muere. A más de cuatro meses del asesinato de Carlos Fuentealba, y mientras la justicia neuquina parece dormir una siesta interminable, las pruebas que señalan al autor intelectual del crimen están ahí, como lo estuvieron desde las primeras horas.
Por lo que sabemos a través de los medios de comunicación, el fiscal no ha encontrado órdenes escritas sobre el operativo policial que culminó en el fusilamiento de Carlos. Si alguna vez las hubo, es probable que hayan sido destruidas. Porque así como la policía se tomó varios días para señalar al autor del disparo mortal, también tuvo todo el tiempo del mundo para destruir evidencia comprometedora para las autoridades de la provincia. Más aun, en los últimos días se ha dicho que los grupos especiales de la policía (expresamente prohibidos por la Constitución Provincial) tienen cierta autonomía a la hora de reprimir y que, por lo tanto, su accionar no requiere órdenes detalladas por parte de los funcionarios políticos.
Sin embargo, basta releer los extractos de las conferencias de prensa que dieron el gobernador Jorge Sobisch y el entonces subsecretario de Seguridad, Raúl Pascuarelli, para observar que el operativo fue montado con la sola intención de reprimir la protesta docente. Fue, sin más vueltas, una auténtica encerrona concebida para acabar tal como acabó: con un asesinato a sangre fría.
La cuestión es bastante simple. Tanto Sobisch como Pascuarelli, en las mencionadas conferencias de prensa, brindadas cuando Carlos Fuentealba aún agonizaba, dijeron saber que los maestros tenían la intención de cortar la Ruta 22 en Arroyito para bloquear el flujo turístico de Semana Santa. No podían ignorarlo; había sido una decisión tomada públicamente por el sindicato docente. Por eso, el gobierno provincial ordenó preparar un camino alternativo que partía desde el paraje conocido como puente El Carancho, ubicado a unos diez kilómetros de Arroyito. Y El Carancho importa.
Para quienes no conocen la zona, conviene intentar una descripción que permita formarse una imagen de la escena del crimen. A unos 40 kilómetros de Neuquén, rumbo al sudoeste, está la ciudad de Senillosa, sobre la Ruta 22. Siempre hacia el sur y por la misma ruta, a unos quince kilómetros, está el paraje llamado Arroyito. En este punto hay un puente que cruza sobre un canal de riego y un conjunto de edificaciones (estación de servicio, hotel, etc.). Un poco más adelante está la rotonda donde confluyen las rutas 22 y 237, desde donde se accede a los principales centros turísticos del sur de la provincia de Neuquén. Ahora bien; entre Senillosa y Arroyito, está el puente de El Carancho (es un pequeño puente sobre una alcantarilla) y desde aquí parten varios caminos rurales hacia ambos lados de la ruta.
Volvamos ahora a los hechos. Al ser consultado sobre cuál había sido la orden que le dio a la policía, Sobisch dijo: “Es muy simple la orden; nosotros trabajamos la noche anterior haciendo un camino de circunvalación que pasaba doblando hacia la izquierda como si fuéramos para el sur de la provincia y ese camino de circunvalación iba a estar habilitado en tanto y en cuanto no se cortara el puente de Arroyito. Cuando se inició la negociación en la ruta, las directivas muy precisas eran que se informara que si se apostaban podían cortar la ruta pero, en el puente El Carancho. Ellos podían cortar la ruta. No había ningún problema, pero que nos dieran la posibilidad de tener un camino de acceso, porque ya los ánimos estaban demasiado caldeados y podríamos tener enfrentamientos entre civiles, entre personas que querían circular por la ruta”.
Por su parte, Pascuarelli dijo: “En el día de ayer [3 de abril] se había preparado un camino alternativo para poder derivar el tránsito, porque se sabía que podría haber un corte de la ruta 22 frente a la estación de servicio en Arroyito. Se había elaborado para derivar el tránsito liviano, que entraría por Senillosa y que tendría salida por el puente denominado El Carancho”.
Ahora bien, la pregunta del millón es la siguiente: si el gobierno conocía dónde sería el corte, si estaba dispuesto a permitirlo en El Carancho y si se había tomado la molestia de trazar una ruta alternativa, entonces ¿por qué apostó la policía en Arroyito y no en El Carancho?; ¿por qué permitió que los manifestantes llegaran a Arroyito para recién allí decirles que debían retornar hasta El Carancho? Sobisch dijo: “La directiva que yo le había dado a la Policía era que trataran de convencerlos, que no tenemos problemas que corten la ruta, que corten la ruta, en Añelo ya está cortada, lo único que pedíamos, es que nos dejen liberado un acceso, porque si no las consecuencias podían ser muchísimo más difíciles. Como todos saben, no hubo acuerdo sobre la ruta y pasó lo que todos conocen”. A su turno, Pascuarelli había dicho: “La policía se constituyó en el lugar [Arroyito] en horas tempranas y en base a lo que prevé la ley 2081 dispuso un operativo para tratar de evitar el corte de ruta en ese lugar. Muchos aceptaron la propuesta y se fueron hasta el puente, otros no se pusieron de acuerdo y esto dio lugar a que la policía tuviera que actuar”.
No hace falta ser un genio para darse cuenta de que los relatos de Sobisch y de Pascuarelli revelan que había un deliberado plan para matar. Sobisch reconoce que las supuestas directivas de “convencer” a los manifestantes eran anteriores al corte en Arroyito y que ya estaban previstas “consecuencias muchísimo más difíciles” en caso de los maestros no cedieran ante la persuasiva verba de los jefes policiales. Pascuarelli lo dice aun más crudamente: la policía fue a Arroyito para evitar el corte en ese lugar, de lo cual se desprende que nunca se contempló la más obvia medida de apostar la policía en El Carancho. Para decirlo con toda simplicidad: si el corte se hacía en El Carancho, no habría represión (era un corte permitido), pero si se hacía en Arroyito, la cosa sería diferente con “consecuencias muchísimo más difíciles”, Sobisch dixit. La pregunta persiste: ¿por qué la policía esperó a los manifestantes en Arroyito? La respuesta es contundente: porque el gobierno de Sobisch quería reprimir.
Alguien podría decir que todo fue un error de los jefes policiales, que a nadie se le ocurrió que lo lógico era poner a la policía en El Carancho. Este argumento, que atenuaría la responsabilidad homicida de Sobisch, no tiene mucho asidero a la luz de las propias palabras del propio gobernador y del ex subsecretario de Seguridad. Ellos valoraron todas las alternativas posibles, planificaron meticulosamente cada paso y optaron claramente por la represión. Se supone que la responsabilidad de Sobisch como gobernante radicaba en evitar “consecuencias muchísimo más difíciles” y no en propiciarlas; él fue el principal ideólogo de la encerrona de Arroyito y por eso es tanto o más responsable que aquel que ‘jaló el gatillo’.
Fernando Lizárraga.
Neuquén, 20 de agosto de 2007.