lunes, 27 de septiembre de 2010

GENIAL TOM WAITS

Imperdible versión de Waltzing Matilda (tema tradicional australiano) por Tom Waits: "Tom Traubert's Blues (Four Sheets to the Wind In Copenhagen)" (1976). Una joya. http://www.youtube.com/watch?v=XrkThaBWa5c&p=90BFDAC2A70D34E3&playnext=1&index=37

viernes, 17 de septiembre de 2010

O'Hara recargado


Es increíble. Frank O'Hara siempre tiene algo para decir, en el momento justo. Aquí va otro poema titulado simplemente Poema. Trad. mía.

POEMA

El único modo de ser sigiloso

es moverse rápido, entonces te asusto

con torpeza, o te sorprendo

dándote un golpecito. Una mantis

religiosa conoce el tiempo más

íntimamente que yo y es más

informal. Los grillos usan

el tiempo para acompañar

inocentes nerviosismos. Una cebra

corre al revés que el reloj.

Deseo todo esto.

Hundirte en mi rapidez

y deleite como si

fueses lógica y previsible,

pero aún así ser sigiloso

como si estuviera acostumbrado a vos; como si

nunca fueras a dejarme

y fueses el inexorable

producto de mi propio tiempo.

domingo, 6 de junio de 2010

Leña del árbol caído (II)

En noviembre de 2007, publiqué el post que copio más abajo. Al leer la entrevista a Sobisch en el RN de hoy, domingo 6 de junio, no pude sino recordar estas líneas. ********************************************************************************* Sí, a veces es indispensable hacer leña del árbol caído. Y aunque Sobisch no merece siquiera ser comparado con un árbol (ni con el más elemental de los líquenes), el dicho popular debe ser invertido en la actual situación post-electoral. Hace un par de noches, en una de esas insoportables mesas de opineitors que montaron todos los canales de televisión, el circunspecto Nelson Castro aconsejó magnanimidad en la victoria y humildad en la derrota. Ahora bien, esto sólo es posible en las novelas de caballería; en el mundo real, la magnanimidad del vencedor sólo se obtiene con la humillación voluntaria del derrotado. Y Sobisch, lo sabemos, no acostumbra a ser humilde y mucho menos a humillarse ante sus vencedores. Anteanoche, en un canal de cable, pasaron esa rara película alemana sobre los últimos días de Hitler: “La caída”. En una escena, Eva Braun (casi) le ruega al Fürher que no ejecute a un supuesto traidor-desertor (que, para más datos, es cuñado de Eva). Hitler no accede, por supuesto. Ella se atreve a preguntarle por qué. Y él responde, con un grito desde lo profundo: “Porque es mi voluntad”. Sobisch está hecho del mismo material. Los resultados electorales no le harán mella, como no le hacían mella a Hitler los partes de guerra que le mostraban que Berlín estaba en ruinas. Para ambos, Hitler y Sobisch (nietzscheanos a fin y al cabo), lo único que importa (lo único que existe) es la voluntad de poder. No voy a negar que por un ratito, en la madrugada del lunes, sentí algo así como una leve alegría cuando supe que Sobisch no había alcanzado ni siquiera el 2 por ciento de los votos a nivel nacional. También tuve un efímero consuelo estadístico al ver que en su propia provincia, Neuquén, había arañado apenas al 20 por ciento (y sus mejores desempeños habían sido en los departamentos más pobres y rurales). Era bueno saber que el 80 por ciento de los neuquinos y el 98 por ciento de los argentinos no habían votado al asesino de Carlos Fuentealba. Tampoco pude reprimir un par de insultos a la pantalla de mi tele cuando vi su jeta y escuché sus balbuceos atragantados e inconexos (me hizo acordar al insufrible Jim Carrey en “Mentiroso, mentiroso”. Si no la vieron, mejor; es una porquería). Más tarde, cerca de las 3 de la mañana, me permití otra ligera sonrisa cuando se confirmó que el opaquísimo José Brillo, recontra-alcachuete de Sobisch, había perdido en las elecciones municipales de Neuquén. En medio de tanta malaria, la doble derrota de Sobisch merecía ser gozada, aunque sea por unos instantes, que es el tiempo que dura el optimismo del corazón. El pesimismo de la razón, en cambio, es más obstinado. A contrapelo de lo que andan diciendo los comentaristas de los medios de incomunicación antisocial de nuestra comarca, estoy convencido de que Sobisch no está acabado. La razón de fondo es la que expuse más arriba: a él sólo le basta con la voluntad de poder; la derrota no es parte de su (elemental) vocabulario. Ahora bien, como me lo hicieron notar en las últimas horas, las estadísticas también pueden ser leídas a favor del ya casi ex gobernador. No es poca cosa que haya cosechado casi 300 mil votos en todo el país (con el 74 por ciento de las mesas escrutadas) y que sólo en la provincia de Buenos Aires haya obtenido más de 100 mil votos. No es menos impactante que el misérrimo 20 por ciento provincial se traduzca, en términos absolutos, en 50 mil votos (la mitad del padrón del Movimiento Popular Neuquino). Es cierto que Sobisch esperaba orillar el millón de sufragios, pero 300 mil no son pocos para un proyecto de inspiración y metas fascistas. ¡Imaginen nomás a Sobisch multiplicado por 300 mil! Por eso, pensar que está definitivamente derrotado, no sólo es ingenuo sino también suicida. Decir que Sobisch “ya fue” es una forma irresponsable de decir que ya no hace falta ajustar cuentas con este criminal, es una aviesa invitación al olvido, es pedir magnanimidad ante el vencido. Decir que Sobisch “ya fue” también significa minimizar la continuidad que implica la futura gobernación de Jorge Augusto Sapag. Quizás para el diario Río Negro las cosas vayan a ser totalmente distintas, por el solo hecho de que recuperará su jugosa cuota de publicidad oficial (y esto es un mundo de diferencia para las finanzas de la empresa periodística). Pero ¿cuál es la diferencia sustancial entre Sobish y Sapag? A mi juicio, ninguna, absolutamente ninguna. No es difícil explicarlo. El Estado es, por definición, sustancialmente, un aparato represivo al servicio de la clase dominante (y de sí mismo). Y hasta donde me alcanza la memoria, tanto Jorge Sapag como Jorge Sobisch no trepidan en exhibir esta sustancia cuando lo creen necesario. La represión en el Ruca Che fue ordenada por Sapag, la represión en la Ruta 7 contra el movimiento anti-peaje, también fue ordenada por Sapag (cabe añadir que esta heroica acción policial fue paradigmática por su brutalidad: no se hizo contra dirigentes y militantes sindicales más o menos curtidos en las calles y las rutas, no; la ira del Estado se descargó contra una multitud de vecinos y vecinas, niños y niñas, sin miramiento alguno). Para quienes no lo recuerdan, también es preciso tener presente que la huelga docente del año 2003 se dilató durante semanas porque quien se negó al diálogo no fue otro que Jorge Sapag (quien ahora se presenta como el más dialoguista de los dialoguistas). Finalmente, y esto es un pedido de ayuda: ¿alguien me puede pasar el dato preciso del día en que Sapag repudió y condenó a Sobisch por haber mandado a matar a Fuentealba? A esta altura, me pregunto de qué coños me alegraba en la madrugada del lunes. Está bien; no hay que privarse de pequeñas alegrías, pero la realidad suele ser oscuramente terca. Y cuando uno observa no sólo la derrota de Sobisch sino también quiénes fueron los vencedores, es inevitable sentir un escalofrío hasta el huesito dulce. Siguiendo con cosas sustanciales; es indudable que Kristina, reina esteparia que nos habla como si fuésemos una manada de idiotas, tampoco tiene dudas a la hora de echar sus jaurías sobre las protestas sociales. Las suaves caricias de los gendarmes y los funcionarios de acelerador fácil son sus armas favoritas (y ya que le gusta compararse con Hillary, no está de más recordar que la esposa de Bill Clinton, no objetó los bombazos de su marido sobre Sudán, Irak, todos los rincones de los Balcanes y Mónica Lewinsky). De Carrió sólo diré una cosa: como ella se negó a hablar del caso Fuentealba, le aplico aquello de que “el que calla otorga”. ¡Y qué decir del intendente electo de Neuquén, el radical-K Martín Farizano y sus siete boletas colectoras! Aunque sus asesores de campaña se hayan esforzado por recalcar que Brillo era el heredero de Sobisch, conviene no olvidar que Farizano es el heredero de Horacio Quiroga, socio y aliado de Sobisch en las buenas y en las malas, un aliado confiable. ¿O ya se habían olvidado? Tal vez, la campaña electoral que ponía el acento en la conexión Brillo-Sobisch haya sido, a mismo tiempo, un astuto juego de manos para ocultar el evidente vínculo Sobisch-Quiroga-Farizano (1). Porque, de nuevo con lo esencial, Pechi Quiroga es un cuadro del establishment, que tampoco condenó (ni condenará) el asesinato de Carlos y que está más que dispuesto a escarmentar a quienes tengan la osadía de protestar. En definitiva, como dicen los pibes, “tamo en el horno”. Pero no tanto. Como decía al principio, hay hacer leña del árbol caído, impedir que vuelva a brotar. Por más que Sobisch no lo admita (no pueda admitirlo) salió golpeado de esta elección. No le será fácil combinar su voluntad de poder y esas casi 300 mil voluntades que lo votaron. Y mucho menos sin tener control discrecional de los recursos del Estado a partir del 11 de diciembre. Su cólera es síntoma de debilidad, y es muy probable que quiera llevarse todo puesto antes de terminar su gestión. Es un predador herido y, por eso mismo, peligrosísimo. Ya advirtió que nunca se retirará de la arena política; y le creo. Ha logrado instalarse, aunque con magros resultados todavía, como una alternativa de mano ultra-dura, como un as en la manga de los intereses que, por el momento, parecen no necesitar sus sanguinarios servicios. Insisto: pensar que Sobisch “ya fue”, que sus días en la política han terminado, es suicida. Así las cosas, resulta indispensable exigir una vez más, y otra vez, y otra vez, que el fiscal y el juez del caso Fuentealba se sacudan la modorra, pierdan el miedo y dejen de proteger a Sobisch. Es indispensable no darle tregua, impedir que se escabulla; es indispensable comprender que Sapag y su MPN filo-K no son diferentes, ni son diferentes los que dicen ser diferentes. Es preciso hacer leña del árbol caído, aplastar el huevo de la serpiente. (1) No objeto, en principio, la táctica basada en la idea de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Pero uno de los problemas de aliarse con el quiroguismo radica precisamente en suponer que Quiroga y el quiroguismo son enemigos de Sobisch y el sobischismo. Sobran evidencias de que esta presunción es insanablemente falsa.

domingo, 7 de marzo de 2010

Dos más


de O'Hara


POEMA

Hay días en que siento que exudo un polvo fino

como el que atribuyen a Pílades en la famosa

Cronica nera areopagitica
cuando fue hallada



y es porque un excavador ha

llegado a la cámara más profunda de mi corazón

y abollado el papel que lleva tu nombre



No me gusta que ese extraño estornude sobre nuestro amor.



HOY

¡Oh! ¡canguros, lentejuelas, refrescos de chocolate!

¡Sos realmente hermosa! ¡Perlas

armónicas, confites, aspirinas! ¡Todas

las cosas de las que siempre hablaban



todavía hacen de un poema una sorpresa!

Estas cosas están con nosotros a diario

Incluso en cabezas de playa y catafalcos.

Tienen sentido. Son fuertes como rocas.



Trad. de F.L.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Un clásico


Después de mirar en la tele la sesión preparatoria en Diputados, el jueves 3 de diciembre, me vino a la memoria un fragmento del capítulo III de El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, un clásico de K. Marx, publicado en 1852. Aquí va.

***
“El período que tenemos ante nosotros abarca la mezcolanza más abigarrada de clamorosas contradicciones constitucionales que conspiran abiertamente contra la Constitución, revolucionarios que confiesan abiertamente ser constitucionales, una Asamblea Nacional que quiere ser omnipotente y no deja de ser ni un solo momento parlamentaria; una Montaña que encuentra su misión en la resignación y frena los golpes de sus derrotas presentes con la profecía de sus victorias futuras; monárquicos que son los patres conscripti de la república y se ven obligados por la situación a mantener en el extranjero las dinastías reales en pugna, de que son partidarios, y sostener en Francia la república, a la que odian; un poder ejecutivo que se encuentra en su misma debilidad su fuerza, y su respetabilidad en el desprecio que inspira; una república que no es más que la infamia combinada de dos monarquías, la de la Restauración [aristocracia terrateniente] y la de Julio [burguesías financiera e industrial], con una etiqueta imperial, alianzas cuya primera cláusula es la separación; luchas cuya primera ley es la indecisión; en nombre de la calma una agitación desenfrenada y vacua; en nombre de la revolución los más solemnes sermones en favor de la tranquilidad; pasiones sin verdad; verdades sin pasión; héroes sin hazañas heroicas; historia sin acontecimientos, un proceso cuya única fuerza propulsora parece ser el calendario, fatigoso por la sempiterna repetición de tensiones y relajamientos; antagonismos que sólo parecen exaltarse periódicamente para embotarse y decaer, sin poder resolverse; esfuerzos pretenciosamente ostentados y espantosos burgueses ante el peligro del fin del mundo y al mismo tiempo los salvadores de éste tejiendo las más mezquinas intrigas y comedias palaciegas [...] Hombres y acontecimientos aparecen como un Schlemihl a la inversa, como sombras que han perdido sus cuerpos. La misma revolución paraliza a sus propios portadores y sólo dota de violencia pasional a sus adversarios. Y cuando, por fin, aparece el «espectro rojo», constantemente evocado y conjurado por los contrarrevolucionarios, no aparece tocado con el gorro frigio de la anarquía, sino vistiendo el uniforme del orden, con zaragüelles rojos”.

jueves, 1 de octubre de 2009

NOTHIN' (NADA)

Un clásico de Townes Van Zandt: Nothin'. Encontré en Youtube una versión súper original (en un concierto privado), y otra versión -excelente- interpretada por su hijo, T.J. Van Zandt. Añadí traducción de la letra (bien literal y a las apuradas). Que las disfruten.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Meditaciones en una emergencia


Otro de O'Hara, después de un receso forzado por la gripe y fallas en la recaptación de serotonina. Para leer el poema, hagan click sobre la imagen, plis.