domingo, 22 de mayo de 2011

Fragmento

...de pronto nos quedamos instalados para siempre en un titubeo. El resto es simulacro de movimiento. ¿A partir de cuándo te convertiste en un holograma...?


De "El fakir occidental", un cuento de Hernán Bergara.



Missing you, de Anja Bührer

martes, 8 de marzo de 2011

NOTA PARA UN CUENTO FANTÁSTICO


White Gauze, 1984, de Robert Mapplethorpe.

En Wisconsin o en Texas o en Alabama los chicos juegan a la guerra y los dos bandos son el Norte y el Sur. Yo sé (todos lo sabemos) que la derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece, pero también sé imaginar que ese juego, que abarca más de un siglo y un continente, descubrirá algún día el arte divino de destejer el tiempo o, como dijo Pietro Damiano, de modificar el pasado.


Si ello acontece, si en el decurso de los largos juegos el Sur humilla al Norte, el hoy gravitará sobre el ayer y los hombres de Lee serán vencedores en Gettysburg en los primeros días de julio de 1863 y la mano de Donne podrá dar fin a su poema sobre las transmigraciones de un alma y el viejo hidalgo Alonso Quijano conocerá el amor de Dulcinea y los ocho mil sajones de Hastings derrotarán a los normandos, como antes derrotaron a los noruegos, y Pitágoras no reconocerá en un pórtico de Argos el escudo que usó cuando era Euforbo.

En J.L. Borges, La Cifra, Obras Completas, Emecé, Tomo 3, 1994, p. 303.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Poema metafísico (de F. O'Hara)

Tulip, 1985 (de Robert Mapplethorpe)


Cuándo querés ir

no estoy seguro de querer ir allá

a dónde querés ir

a donde sea

creo que me hace mal otro lugar

bueno, voy si realmente querés

no me importa demasiado

pero te va a hacer mal otro lugar

me voy a casa y listo

no me molestaría ir a allá

pero no quiero obligarte a ir allá

no me obligás, está bien

igual no podría quedarme mucho tiempo

tal vez podríamos ir más cerca

no tengo puesta la campera

vos tampoco tenías corbata

bueno no dije que teníamos que ir

no me importa si no la tenés puesta

en realidad no tenemos que hacer nada

bueno está bien no hagamos nada

okay te llamo

dale llamame

Trad. de F.L.

jueves, 10 de febrero de 2011

Ahora que estoy en Madrid puedo pensar

de Frank O'Hara (obvio).
Robert Sherman, 1979 (de R. Mapplethorpe)
***
Pienso en vos

Y en los continentes brillantes y áridos

Y en el delgado corazón del cual compartís una parte que es mía con aire americano

Y los pulmones que sonoros escuché hundirse lentamente saludan cada mañana

Y tus pestañas marrones aletean revelando dos perfectos amaneceres color Nueva York

Veo un vasto puente estirándose hasta los modestos suburbios con sólo vos

de pie en el borde de lo púrpura como un árbol solo

y en Toledo el suave azul de los olivares mira a las colinas con

cristales como de plata como el pelo de las ancianas

Es bien sabido que Dios y yo no nos llevamos bien

Es sólo un vistazo a los trabajos de bronce para mí, no me importan los moros

A través de vos he visto las grandes obras de muerte, sos más grandiosa

estás sonriendo, estás vaciando el mundo para que estemos solos.

Traducción repentina de F.L.

lunes, 31 de enero de 2011

ENERO EN EL LIMAY

Linda foto tomada por mi amigo Will Roberts, en Boca Toma (Balsa Las Perlas).

sábado, 11 de diciembre de 2010

MI PARAÍSO


Tenía quince años. Lo planté cuando en Ruca Che todavía no estaba terminado, cuando desde la calle Galarza se veían los ocres de las bardas y no el pavoroso techo azul del Carrefour. El viento de hoy lo partió al medio. Y murió. Hace unos meses, preocupado porque veía que había echado ramas y más ramas, llamé a los genios de Arbolado Urbano de la Municipalidad. Les pedí permiso para podarlo porque temía que los vientos de primavera fueran letales. Me dijeron que no. Les pedí que, ya que ellos eran los especialistas, vinieran a ralearlo un poquito. Me dijeron que no. El responsable del área-que-no-se-ocupa-de-los-árboles me dio un sermón insoportable sobre la inconveniencia de la poda. Quisiera decir que me sentí tratado como un idiota, pero no viene al caso. Insistí: la copa está demasiado frondosa, cualquier viento va a quebrar al pobre arbolito. El sermón trocó en ira; el responsable del Arbolado Urbano me echó encima un dogma: los árboles no se podan, y sanseacabó. Y no sólo eso: me recriminó que, sin ser experto, tuviera yo el descaro de discutirle sobre el bienestar del árbol que me ha regalado sombra desde hace muchos años. El viento de hoy me dio la razón; y odio tener razón. Una ráfaga certera lo quebró; cayó en silencio. Vinieron los de Defensa Civil; en cuestión de minutos descuartizaron al paraíso caído. Ahí está, sobre la vereda; cadáver insepulto, a la espera de que vengan los de Limpieza Urbana (un día de éstos, vaya uno a saber cuándo). Fue el primer árbol al que se encaramó mi hijo. Cuando llegaba del Jardín me pedía que lo ayudara a trepar. Desde las ramas más firmes miraba extasiado todo lo que ocurría allá abajo. Se reía como loco cuando me arrojaba esas pelotitas perfectas que sólo los paraísos pueden dar. A veces, yo también trepaba. Aunque el Amo y Señor de los Árboles Urbanos nos condenara al infierno, habíamos decidido cortar una linda horqueta para hacer una gomera. Vamos a hacerla igual, con los restos del que fuera nuestro árbol. El paraíso de al lado no cayó; ahora está solo, solito con su alma. ¿Vendrá el arrogante Amo y Señor de los Árboles Urbanos a plantar un nuevo paraíso? Lo dudo; le importa un comino que el árbol haya caído (a los funcionarios, de aquí y de todas partes, les importa bledo la suerte de los que están por caerse y mucho menos la suerte de los que ya han caído). Tampoco quiero que venga; no hace falta; mi hijo plantará otro paraíso.

Fernando Lizárraga

DNI 17904183

Galarza 3730

Neuquén

jueves, 25 de noviembre de 2010